Felipe Souza un recuerdo al guitarrero 8

Felipe Souza tenía una manera muy suya de explicar la guitarra: había que tocar para la canción, no para uno mismo. Esa frase resume bastante bien lo que fue su recorrido por el rock mexicano: un músico capaz de pasar de El Tri a Betsy Pecanins, de Guillermo Briseño, del Haragán y Cía. a las grabaciones de sesión, de un proyecto propio a un comercial o a una demostración de pedales, sin entender esas fronteras como límites.

La noticia de su muerte fue comunicada por su hijo y confirmada por Guillermo Briseño, con quien Souza colaboró en El Glorioso Magisterio. Y aquí queda un archivo que hoy cambia de significado: una conversación que sostuvimos en Rockanrolario, cuando Felipe todavía estaba contando su historia en presente.

Él decía que había tomado la guitarra por primera vez a los nueve años, porque una tía le enseñó. El punto de partida no fue el rock anglosajón sino el rock and roll en español: Los Locos del Ritmo, Los Rebeldes del Rock y Los Teen Tops. La guitarra quedó arrumbada durante un tiempo hasta que, a los 13 años, volvió a ella después de ver tocar a un compañero en un concurso escolar.

Desde entonces apareció una constante: componer, tocar y aprender el oficio. Pasó por grupos como Star, Bla, Bla, Bla y otros proyectos antes de llegar a El Tri. Para entonces ya había trabajado como músico de sesión en Cuernavaca, en los estudios Abracadabra, donde ubicaba el comienzo de esa faceta profesional.

Su llegada a El Tri tuvo algo de casualidad y mucho de oído. Rafa Salgado lo recomendó para una audición después de la salida de Sergio Mancera. Lo que debía durar unos minutos se prolongó hasta que Alejandro Lora apareció y le preguntó si quería tocar con la banda en Monterrey. Souza aceptó.

Recordaba con especial claridad aquella primera tocada en la Monumental de Monterrey, frente a unas ocho mil personas. También recordaba lo que aprendió dentro de El Tri: “cuando entré al Tri entendí que no hay que complacer a nadie”. Grabó cinco discos con la banda y quedó como coautor de “Pobre Soñador”: Alejandro Lora puso la letra y Souza la música.

Pero Felipe Souza no parecía hecho para quedarse demasiado tiempo en un solo sitio. En 1994 dejó El Tri. No habló de ruptura ni de cuentas pendientes. Lo explicó con una sencillez que decía mucho de su carácter: “Cuando sentí que tenía que hacer otras cosas, otros horizontes, cuando tenía que crecer hacia otro lado”.

Y creció hacia varios lados.

Trabajó con Betsy Pecanins, Guillermo Briseño, Enrique Quezadas, Víctor Martínez y muchos otros músicos. Grabó publicidad, discos y música para películas. Dio clases y clínicas. Participó en proyectos independientes. Tocó con artistas muy distintos, aunque también aprendió a poner límites: no quería que su tiempo girara alrededor del artista. Trabajaba con quienes quería, con quienes lo exigían y con quienes lo hacían ser mejor músico.

A sus alumnos quería transmitirles algo que no cabe en una lista de técnicas: “el oficio de tocar la guitarra”. Pasar tiempo con el instrumento, conocerlo, rascarle a la lira. En una grabación, decía, uno es tan bueno como la última grabación que hizo.

Con Guillermo Briseño la relación tampoco nació de una fórmula. Souza escuchó trabajos de alumnos de un taller de Briseño y quiso grabar las guitarras de uno de ellos. De ahí surgió Variaciones sobre la inteligencia. Cuando Salvador de la Cruz escuchó el solo de Souza y le agradeció, Felipe respondió: “Gracias a ti, hijo, por inspirarme para hacer ese solo”.

Quizá por eso, cuando le pregunté cómo entraba a tantos mundos musicales, respondió: “Soy como una esponja”. Se transformaba según el proyecto, según la gente, según lo que la canción pedía.

Eso queda de Felipe Souza: no solamente los discos, las bandas, los solos o los créditos. Queda una manera de entender el instrumento y el trabajo. Una guitarra aprendida a los nueve años, una carrera que él situaba desde 1984 y una vida musical que nunca necesitó quedarse quieta para tener identidad.

Ahora la guitarra ya no está en sus manos. Pero el oficio que defendió durante décadas quedó grabado en demasiadas canciones como para desaparecer con él.

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