Cuca vuelve a casa: 36 años después todavía suena el primer riff

Hay grupos que sobreviven por nostalgia. Cuca sigue de pie porque las canciones todavía empujan. El próximo 24 de julio, el Teatro Metropólitan reunirá a la banda tapatía con Santa Sabina en un cartel que recupera una relación construida desde las giras de los noventa, cuando ambas compartían camiones, camerinos y una escena que todavía buscaba abrirse espacio en el rock mexicano.

José Fors y Nacho González hablan del pasado con naturalidad. Recuerdan los días en que el rock pesado parecía no tener espacio en México, las discusiones sobre cantar en español y aquellas reuniones entre amigos que terminaron convertidas en historias como El Son del Dolor o Señorita Cara de Pizza. No se trata de fórmulas sino de una banda que decidió sonar como quería, aunque eso significara quedarse a medio camino entre el punk y el metal.

Fors no habla de aniversarios como si fueran una medalla. Habla de canciones. Dice que el grupo suena mejor que nunca porque ensaya más, porque los excesos quedaron atrás y porque el tiempo les permitió convertirse en una banda más sólida. Para él, el objetivo sigue siendo el mismo: que Cuca siga sonando a Cuca, sin perseguir modas ni intentar parecerse a nadie.

Esa idea explica buena parte de su historia. Cuando dejó atrás Mask y decidió escribir en español, no buscaba una etiqueta nacionalista. Fors sostiene que el rock hecho en México debía hablar el idioma de la gente que iba a escucharlo. De esa decisión nacieron letras cargadas de humor, doble sentido y personajes cotidianos que terminaron formando parte del cancionero del rock nacional.

Hasta El son del dolor, una de sus canciones emblemáticas, apareció casi por accidente. Fors recordó que Galileo Ochoa tocaba un riff compuesto para un jingle radiofónico cuando comenzó a improvisar la melodía. La banda dudó en incluirla porque sonaba distinta al resto del disco. La conservaron y descubrieron que era posible mezclar melodías de raíz sonera con guitarras pesadas sin sacrificar la fuerza del rock.

El concierto también marca un reencuentro con Santa Sabina. Nacho “El Implacable” González recordó las giras compartidas con Rita Guerrero, la convivencia cotidiana entre músicos y la influencia que aquella banda ejercía desde una propuesta muy distinta. Mientras Cuca llegaba desde la irreverencia, Santa Sabina construía una atmósfera cercana al rock progresivo europeo.

La convivencia, dice, siempre dejó aprendizaje. Compartieron carreteras, camerinos y escenarios cuando el rock mexicano buscaba abrirse espacio en una industria distinta. Ahora volverán a coincidir frente al público con otra historia detrás y con nuevas generaciones que descubrieron esas canciones mucho después de que nacieran.

En el presente, Cuca también revisa su forma de grabar. Después de publicar los sencillos Que Volando y Tempestades, la banda concluyó que el formato de canción aislada no les resulta suficiente. Prefieren volver al álbum completo, pensado como una obra unitaria, con la intención de comenzar un nuevo disco que recupere esa lógica de escuchar una historia de principio a fin.

La conversación también pasó por Guadalajara. Fors y González coinciden en que la ciudad mantiene una escena fértil, con grupos nuevos y una tradición que va de La Revolución de Emiliano Zapata hasta Porter, Siddhartha o Ray Coyote. Lo que echan de menos es una generación más amplia de bandas de rock pesado con las que puedan compartir escenario de manera constante.

Treinta y seis años después, Cuca sigue ocupando un lugar extraño dentro del rock mexicano. Demasiado pesada para algunos, demasiado irreverente para otros. Esa posición, lejos de convertirse en problema, terminó siendo su identidad.

El público no corea un género cuando las luces se apagan. Corea un nombre. Y eso explica por qué todavía hay bandas que no envejecen: simplemente siguen llegando a tocar. Y cuando aparezca el primer riff, quedará claro que algunas bandas no necesitan volver: simplemente nunca se fueron.

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