El grupo sostiene que abrir espacios sigue siendo difícil incluso con décadas de carrera. Defiende mayor presencia femenina, entiende la música como postura política y apuesta por la creación humana frente a la tecnología mientras anuncia próximas presentaciones.
Trayectoria, experiencia y dificultad para abrir espacios definen la postura de Madre Perla frente a la industria musical. Sus integrantes explican que el ensamble no surge como una banda debutante, sino como la reunión de músicos con décadas de oficio dentro del rock mexicano. Esa trayectoria, señalan, no elimina los obstáculos para presentarse ni garantiza espacios mayores dentro de festivales o carteleras.
Cecilia Toussaint subraya que el peso del grupo descansa en la historia musical de sus integrantes, quienes han formado parte de proyectos decisivos en la escena nacional. Aun así, abrir puertas sigue siendo parte del oficio. El grupo considera que la saturación de propuestas y la curaduría de festivales complican la visibilidad de nuevas obras, incluso cuando detrás existe una trayectoria consolidada.
La conversación aborda también la presencia femenina dentro del rock. Toussaint reconoce avances en áreas como producción, ingeniería o ejecución musical, pero afirma que la participación de mujeres todavía resulta insuficiente en escenarios y decisiones de la industria. La cantante cuestiona si la escasez en los carteles responde realmente a falta de propuestas o a falta de oportunidades.
La intérprete señala que tocar en vivo es esencial para el crecimiento de una banda y advierte que la escasez de espacios afecta especialmente a proyectos emergentes. Desde su experiencia en convocatorias abiertas para compositoras y músicos en distintas alcaldías, afirma que existe talento abundante entre artistas mujeres que todavía busca mayor visibilidad.
Madre Perla también define la música como una postura política. Sus integrantes explican que esa posición no depende únicamente de letras explícitas, sino de la manera en que cada artista se sitúa frente al mundo y construye su obra. Crear canciones, sostener un proyecto independiente y ofrecer una mirada distinta ya constituye, aseguran, una forma de intervención cultural.
El grupo reflexiona además sobre los procesos de creación en una época marcada por herramientas digitales. Reconoce que la tecnología facilita grabación y producción, pero advierte que la corrección automática y el uso excesivo de procesos digitales pueden restar humanidad al trabajo musical. Frente a ello, los músicos defienden una relación más artesanal con el sonido.
Aunque expresan reservas frente a la inteligencia artificial aplicada al arte, los integrantes aclaran que la tecnología no posee una cualidad moral propia. Su valor depende del uso que cada creador haga de ella. En su caso, optan por preservar un proceso musical más humano sin cerrar la puerta a nuevas herramientas ni a colaboraciones con productores jóvenes.
El ensamble adelanta que su actividad continuará después del Vive Latino. Entre los planes inmediatos aparecen presentaciones en el Teatro Metropólitan, el Teatro Diana de Guadalajara y una fecha en Aguascalientes, además de la posibilidad de llevar el proyecto a Monterrey si la respuesta del público lo permite.
Madre Perla se define así como una convergencia de trayectorias que aún pelea por su espacio dentro del circuito musical. El grupo reivindica la experiencia acumulada, impulsa mayor presencia femenina, entiende la música como una expresión política y apuesta por una creación humana en tiempos dominados por la aceleración tecnológica.