Cuando José Manuel Aguilera habla de música, habla también de libertad. “Siempre pensé que la música era una manera de ejercer la libertad”, dice el guitarrista y compositor, fundador de La Barranca, al recordar que desde antes de formar la banda ya participaba en múltiples proyectos.
“Nunca he estado de acuerdo con esa idea de que si estás en un grupo no puedes hacer otra cosa”. Ese espíritu permea toda la trayectoria de La Barranca, agrupación nacida en 1995 y que en 2025 cumple treinta años como una de las propuestas más sofisticadas del rock mexicano.
La celebración no es menor. El próximo 1 de noviembre, en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México, La Barranca ofrecerá un concierto especial con arreglos de cuerdas. Serán más de una docena de músicos en escena, interpretando temas de toda la discografía del grupo con una nueva dimensión sonora, pensada para potenciar su fuerza lírica y su energía instrumental. “No sólo vamos a tocar canciones de Antimateria, también otras que hemos arreglado específicamente para cuerdas”, adelanta Aguilera.
Pandemia, antimateria y regreso a los escenarios
Durante la pandemia, lejos de la inercia del encierro, La Barranca aprovechó el aislamiento para crear. Así nació Entre la niebla, un disco grabado en 2020 que sirvió como ancla creativa ante la incertidumbre. Después llegó Antimateria, álbum que marcó la reactivación escénica de la banda y dio pie a una gira nacional. “Nos dimos cuenta de que la música en vivo es una experiencia irreemplazable, tanto para el público como para los músicos. Es un ritual que no se puede sustituir”, afirma Aguilera.
Mitocondrias, su proyecto alterno de presentaciones acústicas, también evolucionó tras la pandemia. De los recitales en solitario con guitarra, pasó a ser un trío con Abraham en la batería y Yaan Zaragoza al piano. Además, reeditaron en vinilo el disco solista Yendo al cine solo (2001), que permitió una nueva mirada a su obra individual. “Fue un momento para revalorar lo esencial: tocar, compartir, estar en el escenario”.
El concierto con cuerdas: un ritual mayor
La velada del 1 de noviembre será mucho más que una celebración. Además de las cuerdas, el repertorio abarcará canciones de distintas épocas, cuidadosamente seleccionadas. “Ahora me enfrento a una dificultad que antes no tenía: hay demasiadas canciones. Escoger implica sacrificar”, confiesa Aguilera. Aun así, promete que el programa tendrá una lógica sonora, guiada por el color de las cuerdas. “Es como una brújula”.
El Metropólitan no es cualquier escenario. Para Aguilera, es el espacio ideal para una banda como La Barranca: “Suena bien, se ve bien, es cómodo y tiene historia. Me gusta ir ahí como público, y tocar ahí es un privilegio”. En efecto, la cita coincide con el Día de Muertos, una fecha que agrega una capa simbólica a la experiencia. Un concierto majestuoso, pero íntimo.
Relectura del pasado: tocar discos completos
Como parte de la gira de aniversario, La Barranca ofreció dos conciertos especiales en el Foro Indie Rocks: uno dedicado íntegramente a El fuego de la noche (1996) y otro a Piedad ciudad (2009). Fue la primera vez que decidieron tocar álbumes completos, a petición del foro. “Fue un ejercicio interesante. Nos obligó a revisar canciones que nunca habíamos tocado en vivo y a darles un nuevo enfoque con la formación actual”.
La intención no era replicar las versiones originales como piezas de museo. “Tomamos libertades. Algunas canciones las transformamos radicalmente”, explica. Más que mirar al pasado, la idea fue traer ese repertorio al presente, reinterpretarlo desde el sonido actual del grupo. “Ahora somos un quinteto. Hay otra posibilidad de orquestación. No se trata de nostalgia, sino de reinvención”.
La evolución del sonido y la identidad
Pocas bandas mexicanas pueden presumir de un sonido tan cambiante y a la vez tan reconocible. La Barranca ha transitado del rock denso y eléctrico a experimentos acústicos, danzones, boleros y composiciones con secciones de cuerdas o alientos. “Cada disco tiene su personalidad. La voz es un hilo conductor, pero el sonido ha cambiado mucho”, reconoce Aguilera.
Desde Sangre Azteca hasta Fragor, pasando por Denzura o Lo eterno, cada álbum representa un universo distinto. “Lo que un músico debe buscar es un sonido propio, una personalidad. No queremos hacer el mismo disco dos veces”. Y eso, en tres décadas, lo han cumplido a cabalidad.
Lo mexicano en La Barranca
El vínculo con la cultura mexicana no es una pose. Es parte del ADN de la banda. “Ser mexicano y censurar tu mexicanidad me parece antinatural”, dice Aguilera. No se trata de chovinismo ni de fórmulas nacionalistas, sino de honestidad artística. “Nacimos aquí, vivimos aquí. Eso se refleja en lo que hacemos. Nuestra mexicanidad está ahí porque somos de aquí”.
En el uso del español como lengua de composición, Aguilera se inscribe dentro de la tradición de la canción mexicana. Además, ha abordado sonoridades populares desde el danzón hasta el bolero, sin perder la esencia rockera. “La ciudad también está en nuestras canciones. Hay un espíritu chilango, cosmopolita y regional a la vez”.
La conexión con el público
Después de treinta años, lo que más agradece Aguilera es la relación con su audiencia. “Cuando alguien se acerca a decirte que tu música significa algo en su vida, eso es el privilegio máximo como autor”, afirma. A veces, esa conexión se traduce en exigencias: el público pide canciones que ya no caben en el setlist. “Nunca puedes darle gusto a todos, pero ojalá todas las dificultades fueran así”.
Sobre el uso de celulares en los conciertos, se muestra escéptico. “A mí no me gusta. Creo que distrae. Preferiría que se concentraran en lo que estamos haciendo. Pero entiendo que son los tiempos y cada quien hace lo que quiere”.
Para Aguilera, lo esencial sigue siendo el sonido. Que la banda se escuche bien. Que exista una conexión real. Que la música siga siendo una forma de libertad. Treinta años después, La Barranca no se detiene. Y el 1 de noviembre, en el Metropólitan, volverá a demostrar por qué sigue siendo —en palabras del propio público— una de las bandas más finas, inteligentes y poderosas del rock mexicano.