Tratando de cambiar el mundo, la antología con que La Torre irrumpió con fuerza en México

A veces un disco no nace de la inspiración artística sino de la necesidad de construir puentes. En 1987, México ardía con las guitarras del Rock en tu idioma y, en medio de esa combustión, La Torre asomó con “Tratando de cambiar el mundo”, un compilado que funcionó como carta de presentación para una voz que era más que poderosa: era urgente. Patricia Sosa no vino, pero su garganta cruzó fronteras.

La dictadura se resquebrajaba, el rock nacional argentino crecía en los márgenes y La Torre emergía con algo que los demás no tenían: una mujer al frente que no pedía permiso. No hay que minimizar el gesto. A inicios de los ochenta, una vocalista en el rock duro no era habitual. Y menos una que escribía, gestionaba y caminaba radio por radio con sus propios demos.

La historia de Patricia Sosa es también la historia de un país: entre marchas, ajustes y festivales, su garganta fue tomando forma. En 1983 era ya “la mejor cantante” según la crítica. Pero no era solo voz: era identidad, era confrontación. Lo que cantaba La Torre se sentía real, se sentía necesario.

“Estamos en acción”, tema compuesto por Beto Topini y Fernando Lupano, guitarrista y bajista de La Torre, respectivamente, supuso la puerta de entrada a un hard rock a la altura de las mejores bandas de habla inglesa de la época. Estos músicos fueron autores de canciones como “Mi Sombra en la pared”.

La edición mexicana del disco —limitada, directa, efectiva— combinó piezas de “Sólo quiero rock and roll” y “Presas de caza”, dos discos que ya habían marcado territorio en Argentina. Pero aquí, en tierra mexicana, estas canciones adquirieron otro tono. Eran tiempo presente: mujeres diciendo basta, jóvenes cantando con puño alzado, melodías sin concesiones. Escuchar “Fuera de mi casa” o “Sálvame, ábreme la puerta” era como entrar en una habitación donde alguien se atrevía a decir lo que pensaba, pero no sabías cómo gritar.

En 1988, La Torre la Cortina de Hierro. 27 conciertos, 300 mil personas, vodka y guitarras distorsionadas. Después vino el silencio. Otras músicas, otras formas. Pero el eco de aquellas canciones sigue ahí.

“Tratando de cambiar el mundo” no cambió el mundo, pero sacudirlo, eso sí lo hicieron. Un rugido que venía del sur y se quedó. Cuando La Torre se apagó, dejó su marca. Hoy, ese disco es un objeto de culto, también es el testimonio de una época en que la música intentaba, con honestidad y distorsión, empujar las paredes de lo posible.

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