La Castañeda llena el Auditorio Nacional

Llenó el Auditorio Nacional, dejó en suspenso una posible despedida y tejió una noche irrepetible junto a músicos entrañables que han marcado la historia del rock en México. Así fue el concierto de La Castañeda, celebrado el sábado por la noche ante más de 10 mil personas, en lo que podría ser la última presentación conjunta de sus integrantes fundadores.

Desde los primeros minutos, el espectáculo dejó claro que no sería una tocada más. Con un escenario de tres niveles, telas suspendidas, acrobacias aéreas y proyecciones visuales que evocaban el teatro expresionista y la estética del delirio, la banda convirtió el recinto en un manicomio simbólico, en una fiesta ritual que resumía más de tres décadas de locura lúcida.

El concierto abrió con “Todo pasará” y avanzó por clásicos como “La Fiebre de Norma”, “Sueños”, “El loco” y “Estación”, desatando la ovación de un público entregado. Pero más allá del repertorio, el evento estuvo cargado de emoción: durante más de dos horas y media, Salvador Moreno (voz), Omar de León (teclados) y Oswaldo de León (guitarra) compartieron escenario con invitados que representan lazos generacionales y afectivos.

Entre los momentos más ovacionados destacaron las colaboraciones con José Manuel Aguilera (La Barranca), Héctor Quijada (La Lupita), Armando Palomas, Sergio Arau, Tania  Melo (Los de Abajo) y los hijos del fallecido saxofonista Sax, de Maldita Vecindad. También se unieron Patricio Iglesias y Poncho Figueroa, integrantes de Santa Sabina, quienes interpretaron junto al grupo piezas como “Ángel de las sombras” y “Cautivo de la calle”.

Un momento épico fue la participación de José Manuel Aguilera en las rolas “Tu culto” y “A” en los que destacaron arreglos del guitarrista exprofeso para la magna celebración en La Nave de los Locos, que abordaron 10 mil almas que corearon una a una las composiciones de la singular banda mexicana.

La puesta escénica fue tan propositiva como polémica: una manta blanca cubrió el escenario durante varios momentos, provocando protestas entre el público que no podía ver a la banda. Salvador Moreno, atento a la incomodidad, pidió retirarla: “¡Que lo quiten!”, exigieron los asistentes al unísono.

Durante la velada, el Chava se tomó un momento para agradecer la entrega del público a lo largo de los años y reflexionar sobre el cierre de ciclo:
“Después de 36 años de rock, llegamos a un punto de incertidumbre. La historia nos depara algún misterio que aún no conocemos”, expresó antes de bajar del escenario para cantar entre la multitud.

El repertorio incluyó también “Cenit”, “La dosis”, “Transfusión”, “Tóxico mágico”, “Ciudad psicótica”, “Ámbar”, “La espina” y “Mujer demente”, entre otras. Un total de 30 canciones, acompañadas por una decena de artistas escénicos de Garra Producciones, que ofrecieron danza, acrobacia y performance.

La Castañeda nació en 1989 inspirada por el hospital psiquiátrico del mismo nombre clausurado en 1968. Desde entonces, construyó un universo estético y filosófico donde la locura no era una patología, sino una forma de resistencia y libertad.

El concierto del sábado no solo fue un festejo, sino también una despedida con aroma incierto. Si bien no se hizo un anuncio definitivo, algunos de sus integrantes ya trabajan en proyectos en solitario.  Antes del cierre, la banda, los invitados y el público se tomaron una foto colectiva desde el escenario. Una imagen que —como dijo Sergio Arau— quedará para la historia:
“Entraron por la puerta grande. Los quiero un chingo, y a ustedes también por haber venido”.

Así, con luces bajas, cuerpos abrazados y una energía suspendida en el aire, La Castañeda cerró una etapa del rock mexicano. No con lamentos, sino con una transfusión de gratitud, arte y memoria que difícilmente podrá repetirse.

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