Hace 20 años: Cerca de 100 mil llenan el Zócalo en concierto por Chiapas

El 12 de marzo de 2001, el Zócalo de la Ciudad de México se transformó en una plaza repleta de energía, música y respaldo social al movimiento zapatista. Desde poco antes de las 16:00 horas comenzaron a reunirse miles de personas para asistir al concierto gratuito en apoyo a Chiapas, enmarcado en la estancia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en la capital.

Sin escenografías ostentosas ni estructuras monumentales, el escenario fue apenas una tarima montada con tubería, luces y sonido básico. Aun así, la atmósfera estuvo cargada de entusiasmo. Cerca de cien mil personas acudieron al corazón de la ciudad para celebrar con música y mostrar solidaridad con la causa indígena.

El concierto comenzó cerca de las 19:00 horas con la participación de Panteón Rococó, que desató euforia entre los asistentes desde los primeros acordes. Miles de jóvenes brincaron y corearon sus canciones, haciendo vibrar el suelo del Zócalo.

Después tomó el escenario Santa Sabina, que demostró la solidez de su trayectoria. La agrupación capitalina conectó especialmente con el público al interpretar temas de su primer disco, que fueron los más coreados. La presencia escénica de su vocalista y el dominio instrumental de sus músicos reflejaron una madurez artística construida a lo largo de los años.

Tras una pausa, comenzó a sonar el “Himno a la Alegría”. La emoción creció entre el público, en especial entre personas adultas y familias que esperaban con expectativa la participación de Joaquín Sabina, anunciada previamente como parte del programa. Sin embargo, el vocalista de Maldita Vecindad, Roco, comunicó que el cantautor español no podría subir al escenario por no encontrarse en condiciones de salud adecuadas.

El momento más esperado llegó poco antes de las 22:00 horas, cuando apareció Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, una de las bandas más queridas del país. Desde las primeras notas, el público respondió con entusiasmo. Miles brincaron, bailaron y corearon temas emblemáticos como “Kumbala” y “Pachuco”, celebrando la cercanía de los músicos con las causas sociales.

La presentación se desarrolló en armonía, sin incidentes graves. La seguridad fue discreta y la participación de la gente se mantuvo en orden, con muestras constantes de apoyo al EZLN.

El concierto no solo reunió a bandas representativas del rock mexicano, sino que funcionó como una expresión colectiva de respaldo al movimiento indígena y a la caravana zapatista, que un día antes había sido recibida en el mismo sitio por una multitud diversa.

Con ese telón de fondo, el Zócalo volvió a ser punto de encuentro entre música y política, reivindicación y alegría, en una jornada que dejó huella en la memoria de quienes la vivieron.

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