Cierran foros en la capital

A partir del resurgimiento de los espectáculos del género en los 90 se dio el florecimiento de algunos lugares que se volvieron emblemáticos para tocar. Rockotitlán, desde mediados de los 80, bajo el auspicio de los Arau, primero, y luego con la eficiente administración de Tony Méndez, hasta principios del milenio.

El Foro Alicia también adquirió gran relevancia con la participación de bandas emblemáticas de la escena nacional, que con el milenio se mantuvo como el lunarcito donde la escena emergente pudo hacer tablas y presentarse con la banda.

En paralelo, los escenarios multitudinarios, teatros y foros controlados por la empresa Ocesa fueron absorbiendo la mayoría de espectáculos internacionales y de alta afluencia.

A partir de 2008, otros lugares comenzaron a abrir sus puertas a los rockeros. El Imperial abrió sus puertas el 21 de mayo de 2008, ocupaba el que había dejado el legendario bar Piraña; sin embargo, a principios de mes anunció su cierre. Ya otro bar emblemático, principalmente para la escena oscura, el Dada X, había anunciado el final por las mismas fechas del año pasado.

Otro lugar, también dedicado prácticamente a la difusión de las bandas alternativas, La Capilla de los Muertos anunció el final de sus actividades. Para cerrar con broche de oro, la familia Atayde, la cual había encontrado una alternativa en las presentaciones masivas tras la prohibición de animales en los espectáculos circenses, anunció que la Carpa Astros cerrará sus puertas, tras más de 50 años de albergar diversos espectáculos.

El escenario principal lo llegamos a ver lleno con las presentaciones de bandas como Panteón Rococó y La Castañeda o festivales de alto calado con un gran número de bandas. A pesar de que todavía existen lugares para la exposición de proyectos, el cierre de esos lugares siempre es una lástima porque supone una disputa mayor por los espacios.

A propósito de espacios, un grupo de músicos identificados como colectivos rupestres, enviaron una carta a la próxima administración en la que demandan que la frecuencia del Instituto Mexicano de la Radio, en particular la emisora Reactor 105.7 sea un espacio de difusión en el que se presenten diversas expresiones del rock y no se privilegie a ciertos artistas.
Una discusión que ha prevalecido en los cambios recientes de gobierno, pues se acusa a los administrativos en turno de la emisora de tener preferencias por ciertas corrientes musicales, sellos discográficos o amiguismo, pero eso tendrían que comprobarlo. A ver qué pasa en la radio pública, esa que pagamos con nuestros impuestos, con los anuncios del virtual presidente electo en materia de comunicación social. Mientras, chequen Rockanrolario. Hasta poco.