La nueva normalidad de espectáculos en vivo

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La crisis generada por la pandemia Covid-19 ha generado un impacto en los grandes consorcios del entretenimiento, quizá del mismo nivel que la crisis de las disqueras a comienzos de siglo, pues la cuarentena alejó al público de los espectáculos masivos hasta nuevo aviso.
Un despido masivo, afectó al menos a 200 empleados de la Corporación Interamericana de Entretenimiento (CIE), desde Ocesa, Ticketmaster, además de personal administrativo, técnicos, producción, talento y prensa.
Información publicada por la red mexicana de cine señala que la debacle para CIE, en especial para Ocesa, la mayor empresa de conciertos en vivo en América Latina, empezó en mayo pasado, cuando la empresa estadounidense, Live Nation, desistió de su propuesta de compra.
El acuerdo original incluía la adquisición de 51 por ciento de las acciones de Ocesa pero Michael Rapino, presidente y director ejecutivo de Live Nation Entertainment, desistió del trato en medio de la pandemia.
“No queremos asumir ninguna pérdida y no pienso perder dinero en México o llevármelas en lo que pueda suceder los próximos 6 a 8 meses en su vuelta o salida económica”, señaló.
La cancelación del negocio “mexicano” es una de las cinco nuevas estrategias que Live Nation expuso ante la pérdida del 20 por ciento de sus ingresos en 2020, entre ellas, reducir costos y apostar por conciertos reducidos.
Mientras tanto, grupo Zignia, operador de la Arena Ciudad de México, y el Centro Dinámico Pegaso, en Toluca, Estado de México, apuestan por que el semáforo epidemiológico se mantenga de naranja a amarillo durante agosto para desarrollo de diversos espectáculos en los denominados “autoconciertos”.
Grupos como El TRI, Moderatto e Intocable alistan presentaciones en ese formato en Toluca, mientas que, en la Ciudad de México, Real de Catorce y Salvador y los Eones serían los primeros en tocar frente a públicos reducidos a bordo de sus vehículos.
Durante la cuarentena, bandas independientes han explorado el modelo de conciertos en línea, uno de los más recientes fue el de San Pascualito Rey, el cual tocó completo su segundo disco “Deshabitado”, ante sus seguidores más fieles, quienes pagaron un costo por escuchar a su banda en su página web.
Sin embargo, los conciertos multidinarios como los organizados por OCESA –el último fue el Vive Latino– tardarán en regresar y las empresas de entretenimiento tendrán que encontrar soluciones concretas para la nueva normalidad generada por la pandemia mundial.
Ocesa ha organizado conciertos en línea que al parecer no han tenido el resultado esperado. En el primer trimestre del año, CIE reportó una caída de seis por ciento en sus ingresos. Las empresas del ramo tuvieron que cancelar todas las presentaciones de marzo a agosto.
En 2019, los ingresos totales de la música en vivo en México fueron de 225 millones de dólares, ganancias que para 2020 se verán socavadas en un porcentaje amplio. En ese marco, los empleados son los que llevan la mayor afectación, pues los recortes de personal están a la orden del día.
Habrá que esperar que la pandemia amaine para perfilar la nueva normalidad para el entretenimiento en vivo. Mientras, los autoconciertos o las presentaciones virtuales paracen ser una herramienta para el contacto directo de los músicos. Hasta poco.