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¡Gracias!

Reconocí su rostro al primer portazo. Rinoplastia, botox, tres capas de maquillaje: la misma que en las pelis de la infancia (de mis padres) cuarenta años después y en mi taxi (¿qué edad tendrá ahora? ¿80 años?). Sin embargo aún mantenía el mismo rictus solemne, de diva, que en aquellos tiempos de flashes y alfombras. Abrigo de visón, perlas, joyas, generoso perfume… Me miraba a través del espejo como sabiendo que yo sabía quién era, esperando tal vez un arranque emocionado por mi…